El negocio del aloe vera
Sin embargo, y a pesar de que durante años parecía imposible lograr el proceso de estabilización de la planta, la industria no se dio por vencida y siguió investigando en la dirección de este objetivo, hasta que en 1965 Bill Coats, propietario de una cadena de farmacias en Dallas, Texas, patentó lo que sería el primer proceso efectivo de estabilización de la pulpa de aloe. Consciente de lo que esto significaba, Bill Coats no dudó en vender todas sus farmacias y fundó la Aloe Vera of America Incorporation, la primera compañía a gran escala para la comercialización de productos exclusivos de aloe vera, entre los que aparecieron pastas dentífricas, geles de baño, bálsamos para el tratamiento de los problemas de la piel, linimentos contra el dolor y cremas varias. Posteriormente, en 1981, esta empresa sería comprada por la Forever Living Products (Arizona), una empresa que se había dedicado tradicio-nalmente a la venta de cosméticos y productos para el cuidado de la piel. Muchas otras empresas de este tipo acabarían haciéndose eco también de los éxitos terapéuticos y comerciales del aloe.
Durante los quince años que siguieron, aparecieron sólo en Estados Unidos unas 500 compañías dedicadas a la fabricación y venta de productos de aloe vera, y su aceptación de los productos de aloe superó en muchos casos las expectativas de sus fundadores. La empresa Burn-Off Corporation (Texas), dedicada a la fabricación de protectores solares y bronceadores, fue fundada con un capital inicial de 100 dólares, y antes de cinco años su facturación mensual superaba el millón de dólares. Otras muchas compañías si-guientron igual suerte, como la Key West Aloe, que inició sus ventas en un pequeño local de Florida, convertido en la actualidad en un emporio de tres edificios con una facturación similar a la de Burn-Off Corporation.
• Las grandes
marcas
comerciales se apuntan al éxito del aloe
Pronto los estudios sobre el mercado pudieron observar, que cualquier producto cuyo etiqüetaje llevara incorporadas las palabras clave "aloe vera" se vendía concuna facilidad tremenda. "Cualquier conque pusiéramos en los estantes con la etiqueta de aloe, la gente se la llevaba", explicaba el presidente de la empresa Key West Aloe, que ya hemos mencionado más arriba. Al
igual que Forever Living se vio interesada por los beneficios de la planta (tanto a nivel terapéutico como económico), otras muchas compañías internacionales empezaron a incluir el aloe en alguna proporción en sus cremas, jabones, champús y cualquier sustancia para el cuidado de la piel. En la actualidad podemos encontrarla mencionada en productos de la firma Johnson 's (de gran éxito su aceite hidratante para la piel enriquecido en los últimos años con aloe), Ponds, General Nutrition Mills y un largo etcétera. En todos los casos, la compañía evitaba y evita hacer ningún tipo de publicidad sobre las posibles propiedades terapéuticas del producto, condición que viene especificada incluso en los folletos destinados a las personas que se dedican a la distribución y venta de los derivados de aloe vera en la estructura de venta piramidal (un tipo de venta directa que hace que los productos no puedan encontrarse en las tiendas al uso). Esta dificultad para la publicidad explícita ha sido lo que ha hecho que algunas multinacionales del aloe se dediquen en cierta medida a apoyar la publicación de libros para la difusión de las supuestas propiedades de la planta. La dirección de todas estas empresas de cosméticos explican, cuando se les pregunta, que han incluido el aloe en sus productos "en beneficio de su clientes". En cualquier caso, es evidente que cualquiera de estos geles de baño, champús, pastas dentífricas o aceites hidratantes enriquecidos con aloe, además de satisfacer a su clientela habitual, llegan a atraer la curiosidad de un amplio expectro de público nuevo, que muchas veces permanecerá fiel convencido de las propiedades beneficiosas de la planta de moda. A ello contribuye, además, espectaculares declaraciones, como la de un industrial norteamericano que, rememorando la historia milenaria del aloe, decidió exclamar en grandes titulares: "Si el aloe vera era bueno para Cristo, también lo es para mí". O bien aquella otra, de corte menos blasfemo, que pretendía hacer uso de una lógica entre científica y mágica, al señalar que "si la naturaleza del aloe puede hacer que florezca en pleno desierto, imagínese lo que hará en la piel de la mujer".
A estas alturas, si algo está claro es que la industria ha sabido aprovechar y utilizar en gran medida un auténtico currículo histórico y científico del aloe, sin que en muchos casos ello sea garantía de que el producto en cuestión que compramos pueda o deba identificarse con las propiedades que creemos adquirir. Las asociaciones de consumidores y otros grupos interesados pronto alertaron de que, si bien el etiquetado de estos artículos nunca prometían efectos terapéuticos o milagrosos, no era menos cierto que tampoco ofrecían una información clara sobre el porcentaje de aloe contenido, ni del nivel de pureza obtenido en el proceso de elaboración. Por este motivo, sería conveniente tener en cuenta una serie de elementos a la hora de decidir si compramos o no un producto supuestamente elaborado a base de aloe vera.