El negocio del aloe vera

La empresa familiar de White se dedicaba a contruir carreteras, y eso hacía que los trabajadores pasaran mucho tiempo al sol, entre ellos el propio Robert, lo que hizo que empezara a desarrollar las primeras fases de cáncer de piel. Preocupado por esta enfermedad, que él consideraba inevitable dadas sus condiciones laborales, un día se fijó en que las personas que trabajaban para la Shell, que se hallaban construyendo un oleoducto al lado de una de sus carreteras, no parecían compartir su problema, a pesar de pasar tantas horas al sol como él mismo. "Un día le pregunté a uno de sus operarios y éste me respondió que, tanto él como sus compañeros, habían descubierto el aloe mientras trabajaban en los campos petrolíferos de Oriente Medio, y desde entonces no habían dejado de utilizarlo cada día. Así, comencé yo también a untarme aloe al terminar el trabajo, y efectivamente, me pareció que tenía un buen efecto protector". Pocos años más tarde White abandonó el negocio familiar de la construcción para dedicarse al cultivo del aloe. Empezó a traer plantas de Méjico y las sembraba en el valle de Río Grande, al sur de Texas.
Al igual que la Shell Oil Company, otras compañías petrolíferas supieron ver también los efectos beneficiosos del aloe para sus trabajadores. Neill Steven menciona al menos dos ejemplos en su libro sobre el aloe: el multimillonario tejano H.L.Hunt, quien aseguraba que se bañaba en aloe al menos una vez a la semana, al estilo de Cleopatra y Nefertiti, y otro gran magnate del petróleo, que dedicó una de las islas de las que era propietario para el cultivo de la planta, sólo para su uso personal y para regalar hojas frescas de aloe a los amigos que pasaban con sus yates por la isla.
Mientras tanto, en Miami, el doctor Alexander Farkas presentaba una solicitud de patente para un medicamento destinado también a tratar las quemaduras, conocido como "Medicamento tropical con poliurónido de aloe". Corría el año 1954. Recordemos que por aquella misma época, en 1957, un ingeniero químico llamado Rodney M. Stockton abandonaba su carrera profesional para dedicarse a comercializar los recursos de la planta, tras descubrir casualmente, durante unas vacaciones en Florida, los fabulosos efectos de la misma sobre las quemaduras producidas por el sol en la piel. El artículo en cuestión (divulgado en publicaciones de prestigio como la Revista de Cirugía y la Revista de Medicina Industrial) aseguraba que esta crema a base de aloe era capaz de regenerar los tejidos de una quemadura de segundo grado en menos de 48 horas, sin dejar cicatrices.
La estabilización del aloe: primer salto importante hacia la industrialización a gran escala
Por los años 60, el cultivo del aloe se había desarrollado notablemente en los Estados Unidos, especialmente en Texas, Florida y, en menor medida, en California. Pero la comercialización y la exportación no resultaban todavía una tarea fácil debido a que el producto empezaba a estropearse (por oxidación) y a perder propiedades desde el momento mismo en que se cortaban las hojas, y mucho más cuando se trataba del gel. Una vez extraída la pulpa de la planta, las virtudes curativas del aloe sólo se mantenían durante unas 48 horas a temperatura ambiente, y como máximo unas dos semanas en condiciones de refrigeración. Por este motivo, todos los productos farmacéuticos que ya se estaban comercializando sólo podían distribuirse y venderse en el mercado local.