aloe vera en la cosmética

• Dermis: depuración y limpieza
La dermis se halla inmediatamente debajo de la epidermis y en ella se encuentran los vasos sanguíneos y linfáticos responsables de la irrigación de la piel, así como las terminales nerviosas que nos proporcionan el sentido del tacto y, en general, la sensibilidad respecto a los agentes externos. También se encuentran aquí las glándulas sudoríparas y sebáceas, que tienen sus terminaciones en la epidermis. A través de dichas glándulas se expulsa al exterior el exceso de agua que hay en el cuerpo, eliminando con ella un buen número de toxinas y productos nocivos en general. Al mismo tiempo, este sistema nos permite mantener la temperatura corporal en situaciones de excesivo calor mediante la evaporación de agua en la superficie de la piel. En cuanto a las glándulas sebáceas, también son conocidas como glándulas foliculares, debido a que a menudo contienen el vello o, en su caso, el cabello propiamente dicho. Ellas proporcionan la grasa que mantiene flexible y elástica la piel y, en el caso del cuero cabelludo, también son responsables de su mayor o menor sequedad o tendencia al cabello graso.
Por medio del sudor o bien de la materia grasa, el cuerpo está expulsando constantemente una gran cantidad de productos de desecho y toxinas que perjudicarían nuestro organismo si permanecieran en su interior. A través de las glándulas sudoríparas y sebáceas, pues, se está llevando a cabo un permanente proceso de limpieza y depuración. El agua se evapora en contacto con el aire, pero los demás residuos permanecen sobre la piel, produciéndose una capa de impurezas que, en parte, ejercen un efecto protector y lubricante -en el caso de la grasa-, pero que en cualquier caso no deja de ser una capa de suciedad que podría llegar a ocasionar problemas. Cuando esta suciedad llega a taponar los poros, impide que la piel realice correctamente sus funciones de depuración y limpieza, lubricación de las glándulas sebáceas, eliminación de las células epiteliales muertas, etcétera. Esta circunstancia se agrava con la contaminación, los humos de los coches y el tabaco, la sequedad que producen sobre el rostro los ambientes climatizados, los maquillajes y una larga lista de factores nocivos que abundan especialmente en las ciudades y que se depositan sobre la
piel produciendo una capa de residuos que obstaculiza el correcto cumplimiento de sus funciones.
La dermis, además, está formada por fibras que se entrecruzan: las fibras es-lásticas o musculares y las fibras de colágeno. Las primeras son las responsables más directas de la flexibilidad de la piel; cuando éstas se endurecen debido a una deficiente o inadecuada alimentación de las células, se manifiesta en arrugas, piel seca o resquebrajada, etcétera. En cuanto a las fibras de colágeno, determinan la consistencia y firmeza de la piel, y su debilitamiento provoca la piel flácida y la formación de arrugas. Por este motivo, la cosmética más seria se preocupa por la alimentación de las células que conforman esta capa de la piel, aportándole los nutrientes adecuados, como colágeno, vitaminas y demás.