El aloe y el sistema digestivo y excreto

Alasdair Barcroft, en su libro sobre el aloe vera (La planta de propiedades milagrosas) asegura que "el aloe vera es lo que podemos llamar un sanador universal, que actúa a nivel celular para ayudar a curar y a regenerar los tejidos sanos". Esta afirmación puede ser aplicable tanto en lo que respecta al cuidado externo (la piel) como interno (el organismo).
En lo que respecta al cuidado externo, sabemos que el gel de aloe vera posee unos efectos depurativos y desintoxicantes, siempre a condición de que no aporte también la aloína, que se encuentra bajo la corteza de la hoja. Tomado en forma de bebida, actúa a través del sistema digestivo, penetrando en los tejidos, limpia las células muertas de la piel y favorece el crecimiento de las células más jóvenes, mejorando así el estado general de los tejidos, y propiciando, en su caso, la curación de las heridas o las úlceras.
El efecto es similar a cuando es aplicado de forma externa sobre la piel para la curación de quemaduras o la cicatrización de heridas, pero de forma interna obtiene unos resultados muy concretos y determinantes sobre las úlceras gástricas, las inflamaciones de ríñones y las disfunciones del hígado o los intestinos, entre otras.
Varias investigaciones han coincidido en observar que, al penetrar en las paredes del sistema digestivo, el zumo o pulpa de aloe vera o sabila consigue eliminar las bacterias dañinas, favoreciendo la repoblación de una flora benéfica. De esta manera, las inflamaciones de cualquier tipo se veían dramáticamente reducidas, posibilitando así su correcta función en la absorción de nutrientes.
Bajo el título de "Efecto del jugo de aloe vera, tomado oralmente, sobre la función gastrointestinal de los seres humanos normales", publicado en la revista Prevention en el año 1985, el doctor Jeffrey Bland, del Instituto Linus Pauling de California, explicaba el proceso de sus investigaciones, así como los resultados que venían a demostrar el efecto beneficioso del aloe vera para mejorar las digestiones, prevenir o combatir las diarreas y la acidez de estómago, reducir el contenido de fermentos y favorecer un equilibrio de la flora gastrointestinal.
Ya en las épocas más remotas de la historia conocida del aloe se le consideraba como un laxante eficaz, debido a la aloína existente cerca de la corteza de la hoja. Sin embargo y debido al fuerte poder activo de la misma, cuando se trata de una disfunción leve se recomienda ingerir el zumo, la pulpa o algún gel comercial, con una escasa aportación de aloína. Por el contrario, cuando surge la necesidad de un purgante eficaz sería necesario recurrir a un preparado casi exclusivamente a base de la parte externa de la hoja.