El aloe y el sistema digestivo y excretor

Vale la pena mencionar un experimento realizado en China por el doctor Oh con siete personas diagnosticadas de cirrosis y hepatitis que no habían reaccionado a ninguno de los tratamientos convencionales aplicados durante más de dos años. Finalmente, se probó con un extracto de aloe vera ingerido por vía oral y sólo de esta manera se consiguió que los valores numéricos de AST, ALT y billirrubina disminuyeran drásticamente. En sólo tres meses, los pacientes habían conseguido una mejoría significativa, según el informe.
En el último tramo del tracto digestivo se depositan los desechos alimenticios del organismo. En esta zona, una congestión anómala de las venas rectales pueden originar las molestas hemorroides, externas o internas. También numerosos estudios ,en este terreno han coincidido en que las propiedades bactericidas y antisépticas del aloe, unidas a sus virtudes antiinflamatorias y analgésicas, lo convierten en un remedio muy adecuado para combatir las infecciones y al mismo tiempo disminuir el dolor y la inflamación. Por otra parte, el efecto laxante del aloe evita el estreñimiento que casi siempre va unido a las hemorroides, haciéndolas particularmente dolorosas. En el caso de las hemorroides externas, suele recomendarse, además de la ingestión de zumo o pulpa de aloe por vía oral, la aplicación de compresas locales y baños de asiento con gel o jabón de la planta.
Aunque en estas páginas nos atrevamos a ofrecer algunas sugerencias como ejemplos y referentes al uso del aloe vera, queremos dejar muy claro una vez más que, en todos los casos, es el especialista quien debe dirigir cualquier tipo de tratamiento. Esta advertencia es especialmente necesaria en el caso de las hemorroides sangrantes o agrietadas, en cuyo caso la ingestión de aloe por vía oral podría ser desestimada -o bien diluida en minúsculas proporciones-, ya que un mal uso podría llegar a provocar hemorragias severas.
Pedro Crea, en su Manual práctico y clínico del aloe vera, asegura que, diluido y en forma de enjuagues o gárgaras de tres a cuatro minutos de duración, el aloe "actúa eficazmente en casos de dolores dentales y gingivales (de las encías), neuralgias, aftas, laringitis, disfonía, amigdalitis, anginas, placas y, en general, en cualquier afección bucal o laríngea". Tras los sorprendentes resultados que tuvo la aplicación del aloe sobre un paciente aquejado de una grave úlcera bucal (producida por los efectos de la quimioterapia, tras haberle sido extirpado un tumor en la boca), un buen número de dentistas comenzaron a utilizar la pulpa de aloe para combatir diferentes alteraciones estomatológicas. En el caso del paciente mencionado, sufría terribles dolores debido a la úlcera bucal que sólo pudieron calmarse haciendo larguísimos enjuages con pulpa de aloe muchas veces al día. El paciente pasó entre una y trece horas enjuagándose la boca con el zumo durante dos meses, y aseguraba que desde el primer momento el contacto directo con el líquido le calmaba el dolor. Pronto el tamaño de la úlcera comenzó a reducirse y a las diez semanas había desaparecido completamente. Su uso empezó a divulgarse para tratar todo tipo de disfunciones bucales, como la gengivitis, ampollas, herpes y demás. En 1984, un importante trabajo publicado por los doctores Steven Hayes y Peter G. Sturm aseguraba que el aloe "reduce el dolor, el sangrado y la inflamación, y que al mismo tiempo es bactericida, antiviral y fungicida. Comparado con otros tratamientos tradicionales, multiplica por cuatro la rapidez de la curación". Al mismo tiempo, demostraban que el aloe combate el sarro, ya que inhibe el crecimiento y la existencia misma de la bacteria que lo origina, el streptococcus mutans.
Por otra parte, los lápices labiales y las cremas de aloe resultan muy eficaces para el tratamiento de la sequedad y el resquebrajamiento de los labios en épocas de viento y frío, así como para protegerlos del sol en las horas más calurosas del verano.