El aloe vera y el cáncer
Después de más de veinticinco años de investigación dedicada a la lucha contra el cáncer, el doctor M. Moss llegó a la conclusión de que los tratamientos con quimioterapia, tal como se conciben en la actualidad, no consiguen prolongar la vida del paciente. De acuerdo con él o no, lo que nadie pone en duda en la comunidad científica es que este tratamiento provoca unos notables efectos secundarios, entre ellos la debilitación y destrucción del sistema inmunológico. Por otra parte, una serie de investigaciones en torno al aloe vera parecen demostrar que esta planta posee propiedades capaces de rehabilitar y fortalecer este sistema de defensa.
Las propiedades beneficiosas del acemanano se descubrieron hace tiempo, en el proceso de las investigaciones en la lucha contra el cáncer. En 1947, el doctor Diller observó los efectos antitumorales del acemanano en un grupo de ratones afectados de sarcomas. Estudios posteriores descubrieron cómo actuaba sobre los macrófagos este polisacárido mucilaginoso presente en el aloe, estimulando la liberación de citokinas, entre ellas el denominado factor de necrosis tumoral y los factores de control de crecimiento tumoral.
Ya se había abierto una nueva brecha en la lucha contra el cáncer que marcaba una dirección a seguir y que definió además la pauta en numerosos experimentos en todo el mundo. Diferentes estudios realizados in vitro, o bien con ratones, perros y gatos, todos ellos afectados de tumores malignos y en muchos casos desahuciados dado el alcance de su gravedad, vinieron a coincidir en los altos porcentajes de curación de los animales tratados con acemanano de aloe vera. Incluso en el caso de la leucemia, un prestigioso científico, el doctor Tizard, llegó a concluir como resultado de sus experimentos que "el acema-nano de aloe puede constituir un tratamiento efectivo para la leucemia". "Por primera vez -afirmaba-, tenemos indicios de un posible tratamiento para esta enfermedad".
Mientras tanto, en la entonces Unión Soviética, el doctor Vorontsov de Leningrado (entre otros científicos dedicados a la lucha contra el cáncer), aseguraba haber obtenido notables mejorías e incluso curaciones en casos de cáncer de mama y de los órganos genitales femeninos, en cáncer de piel, de estómago, esófago e intestinos, en las mucosas bucales y en los labios, etcétera. El doctor Vorontsov hacía uso del famoso método de Filatov, aplicando inyecciones subcutáneas de aloe, pero no era el único. Varios colegas europeos y americanos coincidían en afirmar los optimistas resultados de este método, en muchos casos combinado con otros elementos como por ejemplo, en el caso del doctor Wolfgang Wirth, la ingestión de grandes cantidades de zumo de zanahoria recién exprimido.
Otros investigadores, como el doctor Gribel, aseguraban en la conclusión de su informe que "el tratamiento con jugo de aloe vera contribuye a reducir la masa tumoral, y el tamaño y la frecuencia de las metástasis, en diferentes fases de crecimiento del tumor".
Como resultado de todos estos estudios, una importante empresa farmacéutica norteamericana anunciaba en 1996 que se hallaban en pleno proceso de investigación para la salida al mercado de un nuevo agente anti-cancerígeno derivado del aloe vera.